martes, 3 de marzo de 2009

EL CREADOR DE SUEÑOS



El Creador se presentó en el escenario vestido de levita, se inclinó en debida reverencia ante los aplausos del público, y cuando acallaron los murmullos todo quedó en silencio, en los palcos se agitaban las cortinas oscuras y sombras fugaces pasaban entre las butacas. El creador entonces alzó los brazos, permaneció quieto unos instantes con los ojos cerrados, y pronto… se escucharon exclamaciones de asombro; en las palmas de su mano empezaron a formarse burbujas del tamaño de una manzana.


El Creador exclamó : “Estas burbujas son sueños que voy a repartir entre todos vosotros”. Acto seguido sopló sobre sus manos y las burbujas flotaron en el espacio del teatro hasta posarse encima de las cabezas de cada espectador.


El señor de la butaca 8 soñó que corría un tranvía y lo perdía cada vez que estaba por alcanzarlo. La mujer de la butaca 12 lloraba a gritos porque en el sueño su hijo moría reventado entre los hierros de un camión. El de la butaca 25 se soñaba en su casa de tres plantas con jardín japonés y subía al coche más caro del mundo rodeado de fotógrafos que lo esperaban en la esquina. El de la butaca 18 miraba desde la cornisa a toda esa gente que, allí abajo, esperaba asistir a su suicidio. La mujer de la butaca 23 se metía en la boca un frasco entero de pastillas para adelgazar y desaparecía tras las sabanas meadas por su perro. El de la butaca 3 tenía la cara chupada por veinticuatro horas de televisión. El de la butaca 4 había reservado el mejor hotel en la costa de Córcega para sus vacaciones con su familia mientras que al de la butaca 17 lo torturaban introduciéndole un erizo vivo por el ano. El de la butaca 14 hacia el amor con una pelirroja arriba de la lavadora, y no paraba en días y días. Los de las butacas 41, 42, 43, 44, 45, soñaban que combatían en Medio Oriente y veían niños mutilados volando entre las oleadas de fuego. El de la butaca 39 se agarraba al mástil de su velero repitiendo, es mío, es mío, es mío, por fin es mío y la chica de la butaca 52 flotando en forma etérea buscaba su cuerpo entre los hierros humantes del tren que había estallado con la bomba. Y por allá, el de la butaca 11 estaba enamorado y se orinaba por todas partes. Los niños de las butacas 22, 23, 24 habían hundido las cabezas en las computadoras. El de la butaca 7 erguía las espaldas delante de una multitud de pancartas, porque era el Presidente de la Nación. El de la butaca 6 quemaba a su mujer en el horno mientras que el de la butaca 2 ciego de celos apuntaba con su pistola a la sien del tipo de la butaca 3 que soñaba lo mismo. El de la 13 moría aplastado por la multitud en las puertas de un campo de futbol.


Al ver el imparable caos, el Creador, arrepentido, con un solo aplauso, dio la orden “¡Qué desaparezcan las burbujas!” Más las burbujas no le hicieron caso y siguieron martiriando las cabezas de los espectadores. El Creador entonces gritó al público. ¡Alto, no os creáis nada, son solo sueños, lo que estáis viviendo no existe! ¡No os creáis! ¡Son solo imágenes!


Inesperadamente la reacción fue de lo más adversa; el de la butaca 25 gritaba, ¡ven aquí y toca la carrocería de mi coche a ver si no es real! La mujer llorosa le gritó, ¡ponte delante del camión que aplastó a mi hijo a ver si es un sueño! El que seguía encima de pelirroja hacia cortes de manga al escenario y el del la butaca 4 protestaba enfurecido, ¡los pocos días que tengo de vacaciones y me los va a arruinar ese payaso estúpido!! El enamorado también aullaba, ¡ven a beber un poco de mi orina, imbécil! Los niños abrazaron sus computadoras y sus rostros se transformaron en adultos viciosos y el de la butaca 3 lloraba gritando ¡la televisión es real, es real!, y su grito se confundía con el lamento del que torturaban ¡Por piedad, si es un sueño hazlos desaparecer! El presidente señalaba al creador hablando por el micrófono, ¡No hay que tomar en cuenta la publicidad de la oposición! Y el 39 izaba las velas aullando con demencia entre el grito femenino de la 52 que decía ¡Ponme otra vez en el cuerpo cretino! El de la dos descargaba el revólver en la sien del 3 y el de la 13 gritaba ¡metete en esta avalancha tú ¡creador de mierdas!


Súbitamente los espectadores remontaron en la locura gritando y tirando con lo que podían al Creador. Hubo diversidad de actitudes y juicios; los de la fila 7 empezaron a venerarlo, inventaron su imagen, pensaron en templos. Los de la fila 2 dijeron que el Creador no existía, era un invento, un espectro producido por oscuros intereses, y los de la fila 4 que seguían en guerra, decían que si hay un creador ¡es un hijo de puta!

Los espectadores perdieron la cabeza dando gemidos de manicomio. Desde las cortinas de los palcos los fantasmas de las operas le hicieron señas avisando que la cosa iba de mal en peor, entonces el Creador llamó urgente a un ayudante que apareció entre bambalinas, “Por Dios, ve a decirles que todo es un sueño, que son las burbujas que he soplado, anda, baja y diles que vienes de mi parte, ve y tráelos a la realidad por favor”.

Ni bien el ayudante bajó a cumplir la misión, los que ocupaban las primeras filas se echaron sobre él, le arrancaron la piel y se ensañaron como buitres hambrientos hasta dejar los huesos del pobre ayudante desparramados sobre la alfombra.

El Creador, vencido, se sentó en el suelo del escenario.

Ya estaba a punto de desbordarse en un llanto eterno, cuando sintió un peso que le presionaba desde arriba. Tanteó por encima del pelo y notó que él también tenía una burbuja pegada a su cabeza. Supo entonces que de allí provenían todas las imágenes, todas las voces, todos los gritos, todos los llantos, todas las risas. Su despertar fue como un rayo fulminante. Cayó en la cuenta que los espectadores no existían: eran sonidos que ahora se perdían, formas ya disueltas en la nebulosa, eran espectadores inventados por su propio sueño que encerraba la única burbuja.

Abrió los ojos en medio de un gran silencio, y se vio sentado en la butaca de un teatro vacío. El escenario estaba cubierto por un telón morado. No había nadie. Y él estaba como siempre había estado. Totalmente solo.
El Creador se levantó y caminó por el pasillo hacia esa luz que centellaba en el umbral de la puerta de salida.

2 comentarios:

Mercedes dijo...

Me dejaste muda! Que fuerte, se parece al clima que se vive por estos pagos. La gente está loca... enroscada en cosas tan innecesarias.

patricia dijo...

Hola primo! Me atrapó tu relato desde la primera palabra hasta la última....... y me impacta la soledad final del Creador.... Te mando un abrazo, Patricia