sábado, 1 de septiembre de 2012

el banquete ante alas estrellas







De la novela que vengo trabajando años y que aun no tiene ni título, di con este fragmento que lo ofrezco, tal vez motivado por este cambio de clima cuando el mar se ve más nítido y más fresco, como para acercar recuerdos


    Las cosas estaban tan caras en Saint Tropez que decidimos vivir como si no tuviésemos nada para que el presupuesto de la India no se quede en manos de estos franceses. De modo que tuvimos  ir a un mercado y pasar por las filas de latas y cajas de comida, ver como un queso caía al bolsillo, una latita de paté, guisantes en conserva que son buenos calentándolos en nuestra única sartén cacerola, todo al  bolso de Ahinoa donde también cayó  un paquete de galletas saladas, de acuerdo a mi pedido. Y la tercera noche, después de una redada en el supermercado, vi afuera de una frutería una caja con un melón rosado, eché a correr y lo recogí como se levanta la pelota en el rugby.

  Por la noche pusimos la toalla de Ahinoa como mantel sobre la caja de tomates, pusimos una vela en el medio, las galletitas alrededor, el paté ya abierto a un lado, y las tajadas de melón formaban una flor rosada en el plato. Todo con vistas a las luces estrellas de San Rafael que reflejaban  líneas de luz en el mar de la noche.  Entonces comíamos despacio, muertos de risa, ¡qué lujo!, si estamos mejor que esos pedantes de los yates, Sí, decía Ahinoa, ellos no tienen esta arena ni este aire tranquilo. Y seguro que tienen un melón de mierda de esos congelados. Y nos da mucho más el aire del mar. Puta, nos falta un buen vino, Ya no cabía nada en mi bolsa, conténtate con lo que tienes Andrés.
   En realidad lo que teníamos en ese momento era impagable; era ese aire fresco de la noche de final de verano y las luces de la otra costa que se desprendían elevándose para convertirse en estrellas; las estrellas del viejo mediterráneo. Y tenía esta mujer como un segundo yo que salía de mi fantasía. Los dos nos habíamos creado del barro y de las costillas. Los dos éramos unos toscos Adán y Eva y nos habíamos inventado para este viaje que salía también de nuestros grandes sueños.


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1 comentario:

mirella dijo...

Todo mi ser calla y escucha cuando las dulces ondas del aire juegan en torno de mi pecho. Perdido en el inmenso azul, levanto los ojos hacia el sagrado mar, como si me disolviera el dolor de la soledad en la vida de la divinidad.
Ser uno con todo, esa es la vida de la divinidad, ese es el cielo del hombre.
Ser uno con todo lo viviente, volver, en un feliz olvido de si mismo, al todo de la naturaleza,esta es la sagrada cumbre de la montaña, el lugar del reposo eterno donde el mediodia pierde su calor y el trueno su voz, y el hirviente mar se asemeja a los trigales ondulantes.
¡Ser uno con todo lo viviente! Todos los pensamientos desaparecen ante la imagen del mundo eternamente uno,y la muerte desaparece de la alianza de los seres, y lo imposible de la separación.
"Hiperión" Holderlin